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sábado, 7 de septiembre de 2013

El llanto de la despedida

El dolor de la partida no se compara con el marasmo del silencio. Ella deja el lamento bajo la almohada, cada noche, cuando todos piensan que se va descansar de la jornada. Ella sabe que la tristeza la invade como una ola inmensa de melancolía. El teléfono está a la mano, tan cerca para llamarlo, pero su alma herida de dolor le impide. 
Desea correr como una gacela alegre por esas calles de Madrid, como las otras mujeres venidas de otras tierras; pero esa tristeza de saber que le será infiel a aquel hombre que quedó mirando el avión en el cielo, la deja aterida de frío. 


Busca consuelo en la distancia, busca consuelo en excusas tibias, busca consuelo en el consejo de las ninfas que se ufanan en hacerla alegrar. Todos sabemos que ella va a pecar una de estas noches madrileñas, y quiere que el dolor del engaño se mitigue. 
Mañana le dirá que terminaron. Mañana le dirá que no existe amor en la distancia. Se lo dirá a través del teléfono, o escribiéndole por un correo gélido. O mejor se ausentará en silencio, y dejará de llamarlo, dejará de escribirle. 
Porque sabe que la piel no espera, que donde se encuentra siempre habrá un hombre que calentará su cama, que le servirá el café en la madrugada, después de hacer el amor a escondidas; y no quiere sentir pena por aquel que quedo en las tierras lejanas, añorando llegar a su lado, algún día, algún día... 
Ella sabe que así es la vida. Ella sabe que si esta vez le destroza el alma al amor que quedó allá lejos... ella sabe que esta vez será para siempre... y no lo verá nunca jamás.
 Así es la vida... Así no debe ser la vida.... porque en la vida todavía hay héroes que aman de verdad, y diosas que saben amar a través del tiempo y de los espacios, a través de las distancias y de los recuerdos.. todavía hay diosas que nos aman hasta .... siempre.

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